De indies, culturetas y otras majaderías

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Este es un artículo que como quien no quiere la cosa me publicaron en la Revista Creartika,  en donde pueden también leerlo, compartir con sus amigos y dejar sus comentarios (tal como pueden hacer aquí), dice así:

No hay cosa más divertida que meterse a un foro de música pop, desplegar los comentarios de YouTube en un video musical  o los comentarios en una noticia sobre algún cantante o grupo (independientemente de si tiene que ver con música o no): Comentarios con pésima ortografía y en mayúsculas, pedantería supina, arrogancia extrema por cosas en las que no se ha formado parte (a menos que se pertenezca en un club de fans y a veces ni eso), todas las falacias lógicas juntas (aderezados como floridos insultos); comentarios fuera de lugar, actitudes que en la vida real nadie, ni si quiera sus padres o sus amigos se aguantarían, son cosas que en lo personal me hacen llorar de la risa.

Hay algo que me llama poderosamente la atención entre todas esas guerras de fanboys envalentonados (de tal manera que incluso en algunos foros el mencionar X o Y cantante y/o grupo da motivo para bloqueo) es: Nunca falta el  indie/cultureta que entra a decir: “Todos esos son puros falsos, todo eso es falsedad” pero a la menor oportunidad te sale con cifras de venta de discos o cantidad de discos de oro y de platino ganados (que te da por responderle “si eres tan indie y tan underground, ¿por qué andas tan pendiente de esas cosas? ¿Tan inseguro estás de tus gustos?), comentarios tipo “deberían estar cubriendo (añada notica seria) en vez de esto” o el metalero que considera que la única música válida es el metal o la música clásica, de resto “mierda sobrevalorada” y quiere hacerlo saber en cada oportunidad que tenga.

Otra cosa curiosa es ver gente defender  a grupos como Ska-P o Calle 13 diciendo que son “artistas comprometidos” cuando en realidad son puro postureo: Ska-P, a pesar de definirse como “antisistema”, a lo largo de su carrera artística han pasado por disqueras multinacionales como BMG, RCA y Warner Music Group y René Pérez (el de Calle 13) vive diciendo que “está cansado de la fama” pero es capaz de destruir un Maserati con tal que hablen de él.

Este fenómeno ha sido inclusive explicado en libros como “Rebelarse vende” de Joseph Heath y Andrew Potter, tomando como ejemplo a Nirvana (específicamente la contradicción de su vocalista Kurt Cobain entre su deseo de no ser un “cantante comercial” y la popularidad rampante que adquirió en los años 90), el desprecio que sienten los hipsters por gente como Celine Dion y Metal Machine Music de Lou Reed (considerado el álbum más “alternativo” de todos los tiempos, por el cual en su momento fue echado de su disquera; pero que en la actualidad se lo ha querido reivindicar como “un placer difícil”).

Todo esto se marca en un deseo de ser diferente  a toda costa, en el anhelo de mantenerse por fuera de lo común, llegando al límite de escuchar música que no te gusta con tal de “hacer la diferencia”, de decir “me gusta Hello Seahorse!” mientras que en realidad mueres por ir a un concierto de Luis Miguel; allí te das cuenta de uno de los efectos colaterales de ser seres sociales: Hay gente que es capaz de hacer cualquier cosa con tal de ser aceptada en un círculo de amigos.

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