¿Por qué te fuiste?

¿Por qué te fuiste?
¿Por qué destruiste todo aquello que construimos con nuestras manos?
Te fuiste cuando más te necesitaba
Te fuiste cuando más te amaba
¿Por qué ahora vuelves a mí como un tonto arrepentido,
Exudando lágrimas por doquiera?
Te fuiste cuando yo te reclamaba
‘no me dejes, por favor no me dejes sin nada’
Tu amor era mi luz, eras el faro que me guiaba
¿Por qué mataste aquella luz que emanabas con solo vislumbrarla?
Tú eras mi horizonte, eras mi esperanza
¿Por qué suplicas perdón como si yo fuera la divinidad de aquel empíreo
alto?
¿Es que acaso se te olvido el juramento que solemne hiciste a la luz del
alba?

¿Por qué te marchaste cuando tu amor era lo que más me hacía falta?
Y ahora quieres que vuelva a ti como si no hubiera pasado nada
Me dejaste sola, me dejaste totalmente desamparada
¿Por qué quieres tenerme cual si fuese yo una gema valuada?
Tú eras mi vida, tú eras mi droga
¿Por qué no te vas y mejor me dejas sola?

Tierra del cóndor ¿Cuándo aprenderás?

Ay, tierra del cóndor ¿Cuándo aprenderás a distinguir lo que te hace
bien de lo que te hace mal?
Tu elite te manipula, te hace daño y te utiliza,
¿No te das cuenta que te desangran día a día, todos los días?
Te roban tus riquezas, te dejan desnuda y carcomida
¿Por qué no mejor te rebelas y empiezas una mejor vida?
Has tenido la oportunidad y no le has dado vía
¿Será que abrirás los ojos algún día? Espero que no sea demasiado tarde
para cuando por fin te decidas y ya no se sepa mas de ti, Colombia mía

¿Que nos esta pasando?

¿Qué nos está pasando?
Que nos estamos perdiendo
lo que una vez era amor, ahora
son solo bosquejos
¿Qué nos está pasando?
Que nuestro amor se está muriendo,
pues ya no hay pasión ni recuerdos veraniegos
¿Qué nos está pasando?
Que ya no nos entendemos
lo que era un maridaje perfecto,
ahora es solo un acostumbramiento
¿Qué nos está pasando?
Que nuestra chispa va decayendo
cuando lo nuestro era una gran hoguera,
ahora ya no es más lumbrera
¿Qué nos está pasando?
Que nuestro amor se acabó,
pues ya no nos queremos y nos decimos adiós

ANDRÉS CAICEDO-DESTINITOS FATALES

I

A un hombrecito le gusta el cine y llega y funda un cine club, y lo primero que hace es programar un ciclo larguísimo de películas de vampiros, desde Murnau y Dreyer hasta Fisher y ese film que vio hace poco de Dan Curtis. Al principio hay mucha acogida y todo: el teatro se llena. Pero semana tras semana va bajando la audiencia. Como se sabe, el público cineclubista est compuesto en su mayoría por gente despistada que acude a ver acá “el cine de calidad” que no puede ver en los teatros cuando estos sólo exhiben vaqueros y espías: Imbéciles que abuchean una película de John Ford con John Wayne “porque el ejército de EE.UU. siempre mata muchos indios”, que le dicen imbécil a Jerry Lewis. Esa gente cómo le va a coger la onda a los vampiros, no falta por allí uno que insulte al hombrecito del cineclub por estar exhibiendo cosas de éstas, cuando los estudiantes luchan en las calles, gente que únicamente sufría de noche y que siempre duerme bien y al otro día se despiertan y pueden hablar de amor, de papitas, de viajes, de política y cuando llega la noche se ponen a soñar de lo mismo que han hablado durante todo el día. Pues bien, el hombrecito de nuestra historia comenzó a perder grandes cantidades de dinero, porque ya al final no iban más que diez personas a sus películas de vampiros, 9, 8, 7, 6, 5, los últimos 4 sí empezaron a conversar, a contarse recuerdos, pasó el tiempo y uno de ellos se mudó de ciudad, otro amaneció un día muerto, uno se graduó de arquitectura y nunca nadie más lo volvió a ver por estas tierras.

El hecho es que el sábado 25 de septiembre de 1971, el hombrecito encontró, al ir a introducir el último film del ciclo, que no había más que un espectador en la sala, allá detrás, en un rincón, mitad luz y mitad sombra.

El hombrecito iba a comenzar a hablar de la película que amaba tanto, pero el Conde se paró de su butaca y le sonrió, y el hombrecito tuvo que bajar los ojos.

II

Un empleado público se monta a las 2 del día en su bus de todos los días, paga, registra, y para su satisfacción queda un puesto por allá , se dirige al asiento vacío sin ver a nadie conocido, pero para qué conocidos a esta hora y con este calor, así que el empleado público en lo único que piensa es en el almuerzo que su mamá le tiene cuando llegue a casa en la siestesita de 5 minutos, en el sueñito que sueñe, y por pensar en eso ni se ha dado cuenta que este bus en el que se ha montado no para cada 4 cuadras ni para en ninguna parte, y cuando cae en la cuenta el hombrecito lo que hace es apretar las manos que le sudan pero nada más ,o tal vez voltear a mirar a los pasajeros, todos hombres, una mujer en la última banca vestida de negro, todos de piel oscura y por que ser que todos están así de flacos y por que a todos se les ve el hambre en la cara, por que, sobre todo el chofer cuando voltea la cara y lo mira a él. Y da la señal. Entonces el bus para y todos se le van encima, y cuando al hombrecito le arrancan el primer pedazo de mejilla piensa en lo que dirán sus compañeros de oficina cuando salga mañana en el periódico. Pero mañana no va a salir nada en el periódico.

III

Un hombrecito va por allí caminando fresco, cargando un libro de Mr. Edgar Allan Poe que pesa 5 kilos. De pronto un gordo lo ve pasar y se acerca y le pregunta:

– Dígame, ¿no le molesta andar con ese libro tan pesado parriba y pabajo?

El hombrecito, que es muy bondadoso y un poco ingenuo, no se da cuenta que el gordo se quiere burlar de él, y por eso piensa antes de contestar, para darle la respuesta exacta; y ella es:

– Lo que pasa es que desde hace un tiempo para acá me di cuenta que yo vivo mi vida montado en un globo, y el libro de Edgar me sirve de lastre. Lastre para no elevarme tanto, para no ir a parar a una región desconocida, habitada por gente que a lo mejor no me gusta, que no conozco. Además la persona que más supo de globos en el mundo fue mi amigo Edgar. Y el gordo al oír eso se le ríe en la cara. Y el hombrecito comprende ahora y se pone muy triste. Y la tristeza le dura cinco días. Hasta que se encuentra en una película una actriz americana de la que se puede enamorar fácil, y la tristeza se le pasa.